Manifiesto.

El Señor de las Runas no es un título.
Es una responsabilidad.

Las runas no son símbolos decorativos,
ni herramientas de adivinación rápida,
ni respuestas cómodas para preguntas profundas.

Son fuerzas vivas.
Lenguajes antiguos.
Memoria activa.

Este camino no promete certezas,
sino presencia.
No ofrece futuros asegurados,
sino la capacidad de comprender el presente.

Aquí no se enseña a dominar las runas,
sino a escucharlas.
No a utilizarlas,
sino a relacionarse con ellas con respeto, disciplina y compromiso.

El Señor de las Runas es un espacio para quienes sienten
que el destino no se adivina,
se honra.
Se comprende.
Y, llegado el momento, se transforma.

Este no es un lugar para todos.
Y eso está bien.